
Bitácora del capitán fecha: 24 / 09 / 2026
Es un día que podría definirse como normal, cuando un mensaje en tu celular rompe esa normalidad y lees: “Estoy en la ciudad, ¿hay oportunidad de vernos?”.
Quien te busca es una persona que, en su viaje familiar, está destinando tiempo para verte.
Cada quien puede recibir ese mensaje de manera diferente, dependiendo de quién lo envíe y la relación que tenga o haya tenido con esa persona. Para mí, sin duda, fue muy emotivo y, antes de minimizar ese sentimiento con la curiosidad sobre el objetivo de la reunión, preferí sentirme afortunado. Al final, no cualquiera toma tiempo de un viaje familiar para estar con alguien a quien tal vez, en ese momento, ni siquiera puede llamar amigo.
Rumbo a la reunión y ya dándole rienda suelta a la curiosidad, trataba de adivinar la razón de la junta; sin embargo, mi mente solo se llenaba de los gratos recuerdos de las colaboraciones que habíamos tenido. Esos tiempos de entrega al límite, cambios de estrategia de último minuto, imprevistos con materiales, cargando con la presión de una fecha de entrega inamovible, una convocatoria que parecía no ir cubriendo el objetivo y la falta de empatía de nuestros clientes. Sin embargo, la magia de la comunicación, la experiencia, perseverancia y paciencia nos ayudaban una y otra vez a cumplir con lo prometido. Hoy, bien lo describiría como confianza.

Se llegó el tiempo y la reunión se llevó a cabo. Recordamos esos momentos que parecían empezar en caos y hoy terminan en risas de éxito; se habló de la familia, del futuro de los hijos, del momento que hoy vivimos y, sí, de posibles futuras colaboraciones.
Una reunión más allá de lo corporativo, más allá de algún interés. Una charla que buscó revivir la adrenalina que da el iniciar un proyecto, de abrir la puerta de la incertidumbre con la constante pregunta interna: “¿Lo lograremos?”. Pero siempre respondiendo externamente: “No veo por qué fallaría”, una frase envuelta en un tono de complicidad que concluiría con una carcajada explosiva.
Lo que queda para mañana: la esperanza. Lo que cierra el día: el agradecimiento, como prioridad a la vida que, entre su caudal, te premia con la moneda más preciada que tenemos, el tiempo.
El tiempo que alguien te regaló para demostrarte su confianza en lo personal y después… ni siquiera diría en lo laboral; lo enmarcaría en la complicidad del conjunto de habilidades de dos personas que se entienden con diferentes capacidades, con respeto y confianza.
Amistad, simplemente amistad… / Por Matías Suárez
Cierre de la bitácora del capitán: 24 / 09 / 2026





